Editores al asalto: crónica pasada y futura del Salone Internazionale del Libro de Turín

El pasado jueves inició la trigésima edición del Salone Internazionale del Libro de Torino, una edición que debía nacer bajo inciertos auspicios tras la decisión de los grandes grupos editoriales italianos de abandonar el Salone para crea su propia feria.

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La génesis de la rotura hay que buscarla en la concentración de la edición italiana en Milán, sede de los grandes grupos editoriales, que prefería realizar una feria del libro en casa, con comodidad. Milán es además la gran capital del norte de Italia, la sede financiera del país, un centro de atracción más que metropolitana, de hecho de una vasta área que comprende al menos 4 regiones: Lombardía, Valle de Aosta, Liguria y Piemonte. La controversia del Salone del Libro pues se inscribe no solo en un acto de potencia sectorial, del libro, sino en una dinámica de centralización de actividades económicas en torno a Milán, que fagocita ciudades carentes de auténticos polos feriales, como Turín. Las actividades y los eventos culturales son hoy una forma económica que moviliza no solo a los profesionales sino también a consistentes cantidades de turistas, el Salone queda inscrito en un área de fuerte interés y el pulso entre realidades metropolitanas como Milán y Turín se acentúa.

Si el Salone como feria del libro es un contencioso regional y también lo es dentro del mundo de la edición.

Como en cualquier sector los grupos dominantes pretenden crearse las condiciones máxima comodidad y mínimo dispendio a costa de quien sea. La servitud de la AIE (Associazione Italiana Editori) a los grandes grupos, cosa que no puede sorprendernos en España. Se manifestó en el apoyo a la idea de la celebración de una feria del libro en Milán que en el la intención original desarticulaba el evento turinés. El hastío de los pequeños editores hacia este tipo de apropiación es comprensible y el resultado fue el de una neta separación: un grupo de pequeños y medianos editores abandonó la AIE, dejando aún más clara la polarización institucional y de orientación. El Salone del Libro se convirtió así en una barricada conceptual. Esta resistencia de una parte del mundo de la edición italiana, que ya se había sacudido con la fundación de la editorial La Nave de Teseo como expresión de resistencia a los grandes grupos editoriales, encontró terreno abonado en parte de las instituciones, alguna un tanto reticente, deseosas de frenar la expansión omnivora lombarda: tibia la posición del actual gobierno local que en más de una ocasión ha parecido ir a remolque, no obstante su papel determinante en la fundación que dirige el Salone, de las acciones y la determinación de editores y gobierno regional.

La iniciativa milanesa naufragó: apenas 46.000 visitantes, Turín ya ha vendido antes de empezar 56.000 ingresos. En la búsqueda de razones a posteriori cabe todo tipo de excusas: se preparó con poco tiempo, no obstante fue el grupo escindido quien puso fechas y plazos y una gestación de la rotura de casi un año y medio; se pagó la proximidad del salón de la moda; era la primera edición, que contaba con todas la mayores editoriales del país que habían anunciado a bombo y platillo el evento y su ausencia de la cita piemontesa, es decir que para encontrarlo habría que ir a Milán. En realidad la realización del evento ha pecado de superficialidad y suponencia. La programación ha sido plana y muchos autores, incluso de renombre, se han encontrado ante auditorios menores a cualquier cita en una librería o biblioteca municipal en un día entre semana, generando no pocas protestas ante los editores y alguna no tan velada amenaza de no volver a participar en el futuro. El mayor error sin embargo, creo, ha sido subestimar la capacidad de dinamización de pequeños y medianos editores, su capacidad de generar citas que de otro modo no encontrarían la ocasión o un publico tan amplio (¿cuántas otras veces tendrá ocasión un lector genovés o piemontés de hallarse ante un autor menos mediático como Carterescu, Amitav Gosh o Pennac por citar algunos?), tiempo y espacio para darle mayor  amplitud a un debate sobre, libros, literatura y sociedad: subrayo como el tema de la presenta edición es más allá del confín.

En esta lectura de los hechos, tras haber noqueado al gigante, no extraña que los editores hayan advertido ya a las instituciones del riesgo de un pacto con el enemigo.

¿Qué perspectivas se abren ahora? Jugar al pitoniso es un riesgo inútil que prefiero evitar siempre, pero los escenarios podrían ser tres:

Los grandes grupos editoriales arrojan la toalla, al menos por ahora, y vuelven al Salone con un nuevo perfil y otra relevancia institucional; más difícil será salvar, en cualquier caso, la AIE.

El Salone acuerda un paz con los grandes grupos editoriales y celebra un evento con dos sedes; simultáneas o por turnos, según el modelo sea el de Mi-To o nuestro viejo sistema. En ese caso preveo un periodo convulso porque serpeará el sentimiento de traición, ya sea en la ciudad, ya sea entre los editores que han sostenido el Salone. El resultado sería incierto pero sin duda deberían reescribirse las cuotas de poder y las formas del evento en modo de dejar a Turín y a sus fieles en un lugar de preeminencia, lo cual provocará a medio plazo una nueva crisis.

El Salone acuerda un paz con los grandes grupos editoriales y se produce una escisión nueva que ve a los nedianos y pequeños editores (pero también, lectores, escritores y librerías) protagonizando un nuevo evento, quien sabe si lejos de Turín.

Creo sinceramente que las hipótesis dos y tres representan un riesgo grande para Turín. Roma, tercera en discordia, solo espera la ocasión de llevarse el gato al agua cuando los contendientes estén exhaustos.

El próximo lunes sabremos como han ido en modo definitivo. Solo más tarde sabremos como acabará de veras.

Definiendo Ciudad: (auto-)geocrítica

Vuelvo a escribir sobre Ciudad cuando ya he terminado una segunda novela (no desvelo más) cuyo marco de relaciones es justamente Ciudad; mientras espero que se publique, en el sentido de esperanza y no de espera, tengo para mi el título. Retomo la cuestión Ciudad porque a medida que crece su presencia y se desarrolla como espacio, siento que es necesario definir mejor que es Ciudad (abundando y perfeccionando lo dicho en una entrada anterior, esta).

Ciudad es el espacio urbano real”

Será mejor decir que es una duplicación del mundo, una representación de lo real y por tanto una imagen de lo real: una ficción. Como el cuadro René Magritte, ficcionaliza el espacio urbano y así haciendo modifica el espacio mismo y la temporalidad; esto último será especialmente evidente en la segunda novela.

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Modificar el espacio y el tiempo permite que Ciudad sea escenario de encuentro en tiempos diferentes entre sus personajes habitantes. Así como el espacio será redefinido, así la relación con el tiempo tendrá que cambiar. No es posible esperar un tiempo lineal, una sucesión casual de una solo tiempo, porque es irreal, porque concentrar todo la atención en una línea, al del protagonista por ejemplo, no puede hacernos olvidar que cada personaje tendrá la suya propia; la historia, la narración, el tiempo de la narración dentro del espacio Ciudad será también una representación del tiempo suma de tiempos relativos, tempúsculos de cada personaje, moléculas de tiempo en choque con otras moléculas de tiempo que son personajes.

La duplicación del mundo: es importante tener presente que esta duplicación, esta ficcionalización de lo real, es posible solo a través de las palabras. Con las palabras construyo Ciudad. Con las palabras despego Ciudad de lo real: Ciudad crece sin referente (“Ciudad como una imagen posible de su ciudad, de todas las ciudades”, decía en otra entrada), es la narración la que crea el espacio y ese espacio es un lugar de exploración, una apertura a lo diverso que inicia en espacios fabulosos. Se libera la trama como fundamento de la obra y Ciudad es una creación literaria, poética, una creación de espacio. Esta creación acerca la posmodernidad a la antigüedad, el héroe, ora el protagonista ora el lector, navega en territorio ignoto: “…haber inventado Ciudad es que me permite una constante exploración, una acumulación de nuevos escenarios según sea el nivel en que se mueve el personaje”.

Ciudad es real, a pesar de ser un producto de ficción, es el reconocimiento del hecho que no se ha liberado del todo de lo real, del referente, sino que lo agudiza lo re-territorializa en el espacio que son las palabras y la literatura. El resultado es un nuevo cosmos (llamémosle por convención, un heterocosmos), un espacio híbrido en el cual real y ficción se interpenetran y el cual lo real copia a la ficción. Un efecto paradójico es que la identificación de real y ficción se vuelve problemática, aunque conviene recordar lo real absorbe siempre la ficción; así lo real incorpora un espacio fabuloso como California, que se vuelve real: el mundo ficcional es un satélite de la realidad. Ciudad es real siendo ficción, construida con palabras es real porque se establece en el umbral entre real y ficción, un umbral traspasable y bidireccional. Esto hace de Ciudad una espacio creíble, real y a la ves imposible y fabuloso o como ya decía “Ciudad es inexistente, pero es un espacio real y auténtico.”

Esta naturaleza de Ciudad como espacio liminal, posible a través de la literatura, auténtico interfaz de conexión entre lo real y la ficción, es un proceso interactivo. Un heterocosmos incorpora conceptos y personajes de lo real en la ficción no como reflejo. Se trata de incorporaciones ontológicamente diversas gracias a la homogeneidad de la ficción: un hetercosmos como Ciudad es un lugar literario, virtual, que establece una relación modulable con lo real: la narración es la que da la carta de naturaleza, su coherencia, su diversidad.

¿Distopía?

Ya he declarado que para mi Ciudad (y entonces también Muerde ese fruto) no es un distopía. Ciudad es una utopía, un no-lugar, sin referente real, que deja en manos del lector la tarea de conectar la representación utópica (imaginaria, el espacio que es Ciudad), con la representación homotópica/heterópica (lo real, en la triple definición de Westphal), todo en un cuadro que para él tenga sentido. Y es aquí donde la estratificación de Ciudad se verifica, en la lectura, en la composición que el autor (o sea, yo) ha pretendido darle. En ese sentido Ciudad no es un espacio único sino muchos espacios utópicos, un heterocosmos siempre en composición y recomponible en tiempos diferentes; muy importante, creo, este aspecto en la segunda novela, pero también en una comprensión de Ciudad que no la reduzca simplemente a fantasía, que la dote de sentido.

Ciudad no es finita, ni puedo terminarla.

¿Cuánto vale el trabajo de un escritor? 0,5€ cada 100 palabras

uncial-calligraphy-alphabet-lCuando cultura está en la boca de todos y muchos aspiran a vivir de escribir, a ser autores y escritores, ¿cuánto se valora esa capacidad, cuánto vale saber escribir, ser escritor? Pareciera que el valor es inestimable.

Esa es una pregunta que cualquiera que pretenda en serio vivir de escribir sabrá responder directamente. Poco.

¿Cuánto poco?

Aquí van dos muestras, dos ofertas de trabajo para escritores cualificados:

primera

Se requiere de escritor/ sobre el temas que mas especializad@ este aportando dedicacion, trabajos anteriores, años, libros, estudios.. sobre un tema. Que sea capaz de enganchar al lector a seguir leyendo con una forma de expresarse de enseñar que enganche que atraiga a seguir leyendo sin relleno y original se usaran varios programas para comprobarlo

El formato debe ser word, la tipografia times new roman, en tamaño 12 y espaciado simple. De 100 (minimo) a 150 paginas

segunda

Busco redactor para un sitio web. Me interesa especialmente formar una relación laboral de disponibilidad.

Los textos tendrán una cantidad de palabras variable; algunos de 400, otros de 800, etc. No es necesario incluir imágenes. La entrega puede ser en formato MS Word o Notepad.

Progongo 0.50 USD por cada 100 palabras. Necesitaría 52 artículos en total.

Ser escritor profesional, ganarse la vida escribiendo, parece ser más una imagen, un constructo ideal, que una realidad. La valoración efectiva de una capacidad que se considera alta tiene un contravalor económico cercano al 0. Y es que todo el mundo sabe escribir, entendiendo con escribir la transposición mecánica de signos sobre una superficie. El valor de un bien tan distribuido no debe de ser alto, se piensa. La distancia entre lo real, el valor, y la imagen, el valor simbólico, es enorme. Los aspirantes a escritores deben recordar esto. El escritor es un bootstraper permanente. Escribir, especialmente escribir con ánimo de hacer literatura, es un compromiso serio y con frecuencia no rentable. No hay que engañarse, hoy por hoy los escritores valen 0,5 € cada 100 palabras.

Coincidencias, reversos y diversos

Una coincidencia formal y fortuita no puede forjar un paralelismo eficaz. escribo esto porque ayer hoy a Pennac reponer sus esperanzas en la presidencia de Macron en el hecho casual de que Macron se parece físicamente al malogrado Boris Vian.

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Un parecido que existe, aunque solo e perceptible en ocasiones. Reconozco que viéndole en televisión me he sentido más de una vez descolocado, ¿dónde lo había visto yo a este antes? ¿por qué me suscita un simpatía lejana e imprecisa si no coincido con él? penca me desveló el arcano.
Es obvio que nada en las biografías de ambos personajes coinciden. Macron, licenciado en filosofía con claras tendencias a establecer lazos fuertes con el establishment y una aún más clara tendencia por la estabilidad de lo mediano, un biografía que habla de una cara votación funcionaril, en línea con la más clásica tradición política francesa. Vian, ingeniero que renunció a entender la vida como obra de ingeniería, polímata, versátil, inconformista, rupturista.

En realidad es en este punto que el parecido de ambos se desborda y me ha hecho reflexionar sobre un par de cuestiones. A saber: ¿qué camino hemos recorrido para considerar esperanzoso el triunfo electoral de una hombre que jamás representará una ruptura con el sistema, acaso estará dispuesto a profundizar algunos de sus aspectos más críticos, asociándole a alguien que pasó su vida ejerciendo un papel crítico con la sociedad de su tiempo? las palabras de Pennac, que es bien consciente del límite su esperanza, son una amarga reflexión sobre la distancia existente entre una visión distinta de la sociedad y la capacidad de esta de producir agentes de cambio. me resulta evidente, como a muchos otros,incluidos los lectores de estas líneas, que existe un problema de transmisión y que los límites del sistema tienden a excluir siempre con mayor vigor el disenso, a marginalidad y excluir visiones divergentes. La segunda cuestión que el triunfo de este hombre, que a decir de algunos colaboradores no sabe ni quiere quitarse el traje y corbata (y creo que esto es a la vez una descripción psicológica y una metáfora potente), pone sobre la mesa es ¿por qué ha parecido lógico exigir, y esperar que ocurriera, a los votantes de izquierda que votasen por un hombre que se coloca en el centro? Es una audacia que bordea la arrogancia intelectual y que señala de paso la distancia creciente entre electores y políticos, con partidos o con startups a sus espaldas, da igual. Había que cerrar el paso a Le Pen, que suponía en esta disyuntiva un mal mayor, esta es la respuesta. Es una respuesta que contrapone el mayor mayor al mal menor, es decir que coloca la elección no en el marco de las afinidades y los anhelos, sino que la coloca en el marco de las justificaciones del mal y que transforma la política en un espectro limitado en el cual no es posible ver la realización de las propias aspiraciones o incluso que se consideren estas como un punto para el debate u la discusión: cuando presentamos una elección en términos de elección de un mal relativo excluimos toda aspiración al debate, a la discusión e incluso al negociado. Y todo ello transformando la política en un proceso de justificación del mal; mayor, menor inevitable, en cualquiera de sus tres formas.
Yo creo que quien no haya querido entrar en este juego, taparse la nariz y votar sin condiciones lo que se te ofrece como posible sin que coincida con las propias opiniones y expectativas, tenía todo el derecho a hacerlo.
La presentación de la elección de Macron como límite a Le Pen me parece, además, falaz. A Le Pen, que ha obtenido 3 millones de votos más en la segunda vuelta respecto a la primera, no se le para con un triunfo electoral. Desde la irrupción de Le Pen padre el consenso electoral ha crecido gracias a las medidas que políticas similares a las que avalará Macron. Parar a Le Pen no es pues una cuestión de citas en las urnas, o no al menos hasta que ganen y espero que no ocurra. sino de formas y sustancias distintas de realizar política.

Macron presidente. Mejor que Marie. De ahí a pensar que la culpa hubiese sido de los votantes de izquierda que no desean votar a un centrista o esperar que el crecido con el pobre Vian se sustancie en medidas políticas hay un enorme trecho, un auténtico foso moral, político e ideológico, Lo desconcertante que es se vea natural que la política se haya reducido a esto.

Italia, un país de comisarios

Es difícil creer Giorgio Scerbaneco tuviese conciencia de estar generando una estirpe cuando dio vida al policía Duca Lamberti. Hoy no hay región o ciudad de Italia que no tenga su particular versión literaria de policía o comisario. Emilia Romagna, Parma, Apulia, Basilicata, Cerdeña, Milán, Liguria, Roma y Sicilia. El comisario Soneri, Renzo Bruni, Lolita Lobosco y el maresciallo Fenoglio, el comisario Campos o Ghezzi, el inspector Lucchesi y Ferraro, Colomba Caselli y Ponzetti, el ex comisario Arzilli o Luciani y el comisario Mariani., dejo otros tantos en el tintero Y dejo a parte los investigadores aficionados como la médico Ardelia Spinola o los viejitos del toscano Bar Lume. Y el inclito comisario Montalbano.ruta_montalbano.jpg
Una legión de servidores de la ley.
La paradoja está en que, desde los ’60, cuando Duca Lamberti se batía contra el crimen, la situación no se presenta diversa. Scerbanenco entonces retrataba una Italia difícil, contradictoria, enferma de maldad, ansiosa por emerger de su pasado y al mismo tempo desencantada por la realidad de los eventos, tan distintos de los sueños de rescate nacional y hoy la sensaciones son las mismas.
No es sorprendente. Mani Pulite fue un proceso inconcluso que no ha limpiado el país, que ha aprendido ha ensuciarse en otros mil modos, y pido perdón por el juego de palabras pero considérense estos datos: de 1991 a 2016, 258 ayuntamientos han sido disueltos por mafia (solo en 2016, según algunas fuentes, 154 estaban bajo administración extraordinaria); varios son los ayuntamientos en los que no se procede con las elecciones administrativas por no haber candidatos distintos a los mafiosos; el perjuicio económico de la corrupción, que en 2015 se estimaba en 60 mil millones (100 mil millones y sumamos la evasión fiscal); la sensación es la de una criminalidad en constante aumento; la escasez de recursos para la lucha contra la criminalidad: durante el último gobierno Berlusconi la policía no tenía fondos para la gasolina de los coches patrulla, por ejemplo; aumentan los muertos por uso de armas de fuego ante la convicción de estar desprotegidos por la ley.
En esta situación en la cual lo real y lo percibido no hacen más que crear una difusa sensación de abandono y peligro inminente, la literatura parece haber dado con la figura clave, quien resuelva el enigma y traiga consigo paz y justicia: el comisario.
El nuevo héroe literario que no necesariamente se ajusta a la praxis de la realidad, que adopta métodos y formas poco convencionales, quizá más acordes con los tiempos, seguramente más acordes con la sensibilidad de los lectores. Habrá un lado oscuro, quizá, pero al servicio del bien colectivo. El héroe maculado del comisario italiano encarna al ciudadano italiano en busca de respuestas inmediatas a males atávicos. Porque se sabe, los italianos son brava gente. El comisario italiano en la literatura de hoy no soluciona solo los casos que la suerte le pone su camino, sino que catárticamente reanuda el vínculo entre ciudadano e instituciones que la realidad se empeña en destruir. Como ha dicho Cristina Rava “Son necesarios los superhéroes. cuanto más la sociedad es imperfecta mejor funcionan los personajes consolatorios, rellenas los huecos.” Así es. La literatura no hace más que rellenar las lagunas de la realidad con grandes fantasías.

Literatura nacional: los confines de la literatura

De entre los muchos debates que suscita la literatura, el que se centra en los confines, es decir, el que tiene como eje la literatura nacional, dentro de unos confines, es uno de los más estimulantes. Lo es por la complejidad de la cuestión, por las varias disciplinas implicadas y de por último de método.
Pongamos la cuestión en su modo más radical, ¿existe la literatura nacional?
Empezando por lo evidente podemos afirmar que el concepto literatura nacional se liga al concepto, reciente, de nación. Si define pues por la realización dela literatura en unos confines, lo que necesariamente implica un dentro y un fuera, una relación con lo otro que está fuera de los confines. Y si hay algo cierto es que el juego del intercambio no se reduce al campo económico sino que implica la mezcolanza, se quiera o no, de lo que Fernand Braudel definía como la gramática de la civilización. Ligar entonces nación y lengua resulta un paso lógico, definitorio; poco importa cuanto real, en el sentido de descriptivo de la realidad.
Tenemos pues una tensión en la literatura entre dentro y fuera, en una relación de alteridad que es a la vez un relación fecunda; no por casualidad la literatura se revela cuando da cuenta de su capacidad de recepción del conflicto en el mundo.
En esa relación la literatura nacional, para afirmar su existencia, debe reivindicar el carácter nacional de sus temas; en la etapa de fundación del estado, que se presenta como consecuencia de la nación preexistente aun cuando este extremo es solo una articulación del mitema nación. El intercambio con lo exterior fecundará a través los innumerables -ismos.
En otras palabras, la literatura nacional es una forma de autodefinición excluyente, una reducción as un unicum, porque reconoce, para ser tal, solo ciertos temas, ciertas lenguas que articulan en cierto modo las aportaciones de su relación con el otro.
Este punto de vista pone sobre la mesa al menos 4 problemas. A saber: la existencia de una literatura precedente a las naciones modernas que recogía e integraba las aportaciones de las corrientes internacionales adaptándolas a públicos diversos aunque mantuviesen la misma caracterización de fondo: ¿Weltliteratur o literatura mundial como realidad, como superestructura y literatura nacional como expresión concreta, como estructura?; la existencia de naciones plurilingües; la estratificación de las literaturas (oral vs escrita, por ejemplo); la exclusión de los temas y las voces que no adhieren al “espíritu nacional”, es decir a la visión d el élite constructora del estado mediante el mitema de nación. Podríamos decir que la literatura, no pudiendo evitar el intercambio con el exterior, del cual depende su misma definición como opuesto al otro, limita o elimina el intercambio interno, olvidando o eliminando todas sus periferias internas (lenguas, niveles, desarrollos, temas), que son en vez parte constitutiva de su articulación; una memoria damnata; ¿el concepto de literatura nacional está en crisis por inexistente o como resultado de la crisis del concepto de nación? En ese caso respiremos tranquilos, la literatura sobrevivirá a cualquier nación y cualquier lengua porque es hija del constante mutar de los eventos y de los instrumentos en que se reproduce y transmite.
Se evidencia que la tensión externa o interna se resuelve siempre en un esquema binario que fuerza la exclusión de varios elementos. Dicho de otro modo, se reduce la complejidad, la multidimensionalidad, la integración, el dinamismo, se ignora la posibilidad de un horizonte de pertenencias y no de diferencias. Weltliteratur o literatura nacional terminan por crear espacios más o menos reductivos, especialmente si la literatura mundial es hija de una superioridad cultural; Said o Spivak negarían incluso que, en ese caso, tal literatura exista realmente.
Todo lo dicho describe macrosistemas, pero ignora las excepciones, cada vez más numerosas, que la realidad de los escritores, y lectores, manifiestan en sus elecciones. Si la posibilidad que un tema esté recogido en las diferentes lenguas de una nación, su cristalización de un Estado es una posibilidad, queda con frecuencia al margen o incluso que diferentes temas se realicen en distintas lenguas no sea una posibilidad contemplada en el marco de la definición de literatura nacional, podemos imaginar cuanto queda fuera de cualquier esquema que un autor escriba en una lengua diversa de la propia o incluso en varias, cambiando sus propios ejes en virtud de la expresión que escoja. Los confines de la literatura se pulverizan ante estos casos. ¿A qué literatura van adscritos estos hombres y mujeres?
Si se colocan dentro de la literatura nacional corren el riesgo de quedar relegados a puntos excéntricos, fuera de la literatura nacional misma. Si se colocan en la Weltliteratur corremos el riesgo de perder una cosmovisión más compleja que la simple realización concreta de lo universal, citando a Michael LeBris en una suerte de versión de la máxima susloviana: acaso no podemos tratar “lo local” en un lengua distinta, acaso se trata de una situación sin vuelta atrás, por ejemplo. Colocar la literatura en los confines de la geografía no da resultados, recolocar el confín en la lengua da frutos igualmente poco aptos a describir la realidad.
La complejidad de la literatura como creación humana, compleja por natura, nos desorienta al querer situarla en horizontes artificiales, confinantes y confinados. Mientras nos movamos en categorías binarias, creo, no podremos dar con una satisfactoria colocación a cuestiones complejas como la literatura, porque esta manifiesta cortes temporales, temáticos, verticales y horizontales, multipertenencias, experiencias diacrónicas, evoluciones, relecturas. En definitiva describe una realidad múltiple en múltiples niveles. Estoy convencido de que necesitamos una nueva visión compleja, multipolar, capaz de describir y comprender la complejidad que generamos porque lo cierto es que el circulo hermenéutico según el cual todo se entiende si se entienden las partes y se entienden las partes si se entiende el todo, no puede ser resuelto hoy.

Literatura, libros y editoriales

Breves pensamientos no sistematizados, apuntes en orden libre, sobre literatura, libros y editoriales.

Una asunción equivocada es que, como siempre a mi juicio, los libros son la via por la cual el conocimiento se ha transmitido. Pues no. Es una de las vías por las cuales el conocimiento se ha transmitido: durante un tiempo la via más económica y eficiente, en modo especial si había que superar distancias más o menos grandes. Hoy es una de las vías por las cuales se transmite el conocimiento. Es probable que no sea la más económica. En cuanto a la eficiencia imagino que podemos discutir mucho y que se liga a los modos y a los niveles (de conocimiento y transmisión).

800px-Egypt_Sakkara_Museum_Statue_scribe_5th_DynastyUna asunción equivocada es que todos los libros son literatura. Ni por asomo. Por un lado porque existen los libros de entretenimiento, los de ensayo, los de divulgación y así muchos otros. Por otro lado porque una cosa es la intención del autor de escribir literatura y otra es la recepción del texto y su consideración final.

Una asunción equivocada es que hay libros que son libros y otros que no. lo digo más claro, los libros son impresos, los electrónicos son un dacio a la modernidad. Cierto, si las editoriales se empeñan en no desarrollarlo, en desmontarlo, desintegrarlo, a medida que se lee o se presta, en hacer imposible con él lo que es posible con el libro impreso, entonces estoy de acuerdo, el libro electrónico es superfluo. Lástima, porque de nuevo se confunde el instrumento con el fin, la forma con el objetivo.

Una asunción equivocada es que las editoriales son, per se, iniciativas culturales. Son una actividad económica. Como tales deben tener en cuenta su balance final. Algunas desarrollan un catálogo con una intención literaria o cultural, otras no, otras menos. Una viven y otras mueren. No siempre el resultado está ligado a su intención literaria o cultural. Las ambiciones, la gestión, la habilidad, la fortuna, infinitos factores determinan esto. Pero las editoriales no son, por definición, un templo.

Una asunción equivocada es que las editoriales son diabólicas casas donde se roban los derechos de los autores, se cometen toda clase de abusos y se enriquece a sus propietarios. Vistas las cuentas de la mayoría no parece que sea así. La verdad es que, temo, la codicia se ve en el otro. Una de las claves de la autopublicación, una de ellas (pláquense los tempestuosos), es la voluntad del autor de hacer dinero. Claro, la referencia es el autor de éxito, como para las editoriales es las editorial de éxito; es una lástima que la lista de los no exitosos sea mucho más larga y mucho más ignorada porque hace bien conocer también la parte oscura de la luna. Propongo que se organicen cursos donde se explique la realidad de una editorial, los tipos de contrato, los costes de la autopublicación (directo e indirectos); digo esto porque sin un libro que pago está mal editado por al editorial X puedo quejarme en voz alta y esperar que recojan mi queja y pongan remedio. Si hago lo mismo con un autor autopublicado, tal y como está el patio en materia de tolerancia, crítica y autocrítica, lo más probable es que se tome la cuestión como un ataque personal y aquí el cambio de dimensión todo lo distorsiona.

Una asunción equivocada es que la literatura es sinónimo de libro. Había literatura antes del libro. Es posible que la haya después.

Una asunción equivocada es que la desaparición de las editoriales equivale a la desaparición del libro.

Una asunción equivocada es que la edición de textos no cuesta.

Una asunción equivocada es que la lectura es ocio. Ni de lejos. Leer cuesta incluso cuando tiene como propósito inicial el asueto. la lectura necesita atención, no un lugar o un formato. Abandonemos la retórica.

Una asunción equivocada es que editar y vender libros es una actividad con la que se puede ganar mucho dinero. Ni tan siquiera con el libro como app. Ni con libros enriquecidos. Ni con suscripciones. Ni con libros impresos de gran calidad. ¿Qué hace creer que una actividad ligada a un ejercicio costoso en tiempo y esfuerzo como la lectura puede ser una campo en que ganar mucho dinero es posible?

Una asunción equivocada es que la autopublicación es el futuro de la lectura, de la literatura, de la edición. El futuro es que haya lectores y con el clima actual (ya lo dije aquí) nada deja pensar que su número vaya a crecer por si solo.