Nueva reseña de Muerde ese fruto en Letras de Contestania

Carmen Juan desde las páginas de Letras de Contestania, que como ya he dicho en otras ocasiones más que una revista es el fulcro de comunidad literaria y territorial, ha tenido a bien escribir una reseña de Muerde ese fruto en términos positivos y certeros y así escribe:

“Puede hablarse, pues, de un estilo equilibrado y de un argumento que, cuando llega de verdad a la carne, se desvanece como el humo de los coches en cualquier urbe.

Este sorprendente debut de Quincoces es, por muchos motivos, un atrevimiento por parte de autor y editor.”

Opino que lo mejor es que la leáis vosotros y os hagáis directamente una idea pinchando aquí.

Yo solo puedo agradecer a Carmen Juan su labor y los lectores que lean Muerde ese fruto.

#muerdeesefruto

El uso de un texto como cita: Mi casa tiene cinco pisos.

Si en una de las entradas anteriores hablé de las citas y de las menciones dentro de Muerde ese fruto, hoy dejo un texto que estoy seguro que los lectores reconocerán sin problemas y ubicarán sin problemas en la novela.
Lo dejo aquí entero, por supuesto mencionando el autor y con una imagen del texto original.
Espero que sea del agrado de todos los lectores este pequeño descubrimiento; si Schlonsky era un desconocido, ahora queda más claro el sentido de su uso en la novela.

Mi casa tiene cinco pisos   (Abraham Schlonsky, 1960)

Mi casa tiene cinco pisos
y todas las ventanas bostezan hacía las que están enfrente
como las casas de los que están parados enfrente de un espejo
70 líneas de autobuses hay en mi ciudad
y todas hasta el ahogo y el excedente de los cuerpos.
Viajan.
Viajan.
Viajan hacia el corazón de la ciudad,
como si no fuera posible morir de aburrimiento también aquí en mi barrio.
Mi barrio es muy pequeño,
pero hay en él todos los nacimientos y todas las muertes,
y todo lo que hay entre el nacimiento y la muerte
que hay en las ciudades del mundo
incluso niños pequeños que hacen girar maravillosamente un plato volador
y tres cines.
Si no me hubiera bastado con el aburrimiento que tengo en mi casa
habría ido a uno de ellos.
Mi casa tiene cinco pisos
aquella que saltó de la ventana de enfrente
tuvo bastante con tres solamente.5pisos

Contra lectura o por qué tenemos pocos lectores

Antes de empezar. Todo los que se lea a continuación es exclusivamente mi opinión personal, mejor o peor fundamentada.

En España se lee menos de lo que se desearía. Quizá sería bueno, y mejor, decir que la cuestión se enfoca por lo general en que se compra para leer menos de lo que se desearía. ¿En realidad se lee poco? ¿Se lee mal? Existen factores para creer que sí, como existen factores que dan una visión más positiva. Leer ya no es lo que era. Mejor dicho, leer ya no tiene el valor que tenía.

Entre los factores que señalan la caída de la lectura se señalan los propios de un sector económico que hiperproduce: a comparación entre volumen de lectura disponible y tiempo disponible para la lectura. Desde los años ’50 nuestro tiempo a disposición para la lectura ha quedado substancialmente invariado. Un efecto de esta sobreabundancia es que se prefieren los las formas más rápidas, que no siempre las más breves que nos dé la información principal y relevante del contenido: tenderemos a elegir las formas más visuales y menos costosas desde el punto de vista utilitarista. Es decir, es tal el alud de lecturas propuestas en proporción al tiempo disponible que la lectura pasa al último lugar de las preferencias pues no somos capaces de determinar cuales serán las que no satisfagan a la vez que se constata que es imposible consumirlas (terminarlas) todas o la lectura es acrítica.

Sobre este particular y sobre la tendencia a competir con los videojuegos me he expresado ya en mi otro blog (mientras esté abierto), así no tedio más.

La sostenibilidad de una iniciativa editorial (o también en este marco de reflexión, de una iniciativa cultural basada en la lectura) en un mundo saturado de contenidos no puede pasar por competir con otros contenidos de más rápida adquisición; quizá habría que considerar si esa competición que el sector parece empeñado en suscribir no ha conllevado la suscripción de una rotación de títulos imposible de sostener y si no es una de las razones de abandono de lectura de esos mismos títulos de rotación vertiginosa.

La fragmentación de la atención

Otro de los responsables señalados de la caída de la lectura es la inmediatez del medio, porque se infiere que el medio de lectura hoy ya no es la página de papel sino la pantalla y tiene por consecuencia la fragmentación de la lectura, aunque luego se diga que la pantalla no vence al papel en términos comerciales y de lectura real (benditas sean las contradicciones que se presentan bajo la forma de afirmaciones tautológicas). Una lectura interconectada equivale a una lectura fragmentada. Se asume así la equivalencia entre actividad y medio. En otras palabras la imposibilidad de realizar una lectura interconectada sin ceder al impulso de respuesta inmediata que sugiere el medio: la lectura electrónica deviene así una nueva prueba del perro de Pavlov. La lectura impresa sufre del mismo mal, sin embargo, o quizá, en esta óptica algo torticera, un poco menos. La cuestión no es si la lectura se desarrolla mediante una forma y un medio interconectado sino si el lector es capaz de discriminar y decidir la forma de interacción que se le ofrece en la forma, la intensidad y momento. En esta visión el lector es escasamente capaz de mantener su concentración en virtud del medio. Un medio que en realidad puede requerir gran concentración y suponer una lectura difícil según sea la estructuración y el nivel de interconexión. Algunas líneas más arriba ya he dejado una traza de este tema: formas rápidas de leer, es decir con consumo veloz del tiempo. Es consecuente la afirmación que estas formas van en detrimento de la lectura; podemos oponer la explosión de una forma literaria difícil de dominar: el microrrelato. En realidad las formas narrativas de los nuevos formatos están presentes en otros formatos anteriores y desasocio los binomios dificultad/longitud y profundidad/formato. Hasta donde yo conozco los estudios que poseemos se basan en transposiciones de formas literarias anteriores a los nuevos formatos. No se ha desarrollado aún, sino en forma incipiente y no ciertamente masiva, una narrativa acorde a los nuevos formatos; no excluyo formas audiovisuales, pero tampoco pongo en el centro si estamos hablando de leer, que no es lo mismo que la literatura ni del acceso a la misma. Es decir, lo que por ahora examinamos no es ni la lectura ni los nuevos formatos, sino al interacción del lector con los dispositivos en red y su capacidad de gestión de estos en relación a la lectura (como podría ser en relación al telediario, al estudio o al sexo). Conviene señalar que la dinámica, como ha notado Maria Popova, de lectura e interacción con el texto no es divergente entre formatos electrónicos o impresos. La solicitación constante de interacción (comentarios, preguntas, respuestas, etc)por parte de medios paraliterarios o paralecturales en las redes es el factor más frecuente de interrupción; se tiende a reforzar el binomio estímulo reacción y si el medio es instantáneo la interacción no puede serlo menos o en otras palabras, el adiós a las prioridades y a la lectura profunda no viene por el medio sino por el uso de lo paracontextual.

No se puede ignorar que es posible que una nueva narrativa quede fuera del horizonte de expectativa actual de los lectores, lo cual no es óbice para ignorar la experimentación e ir abriendo caminos. Es preciso, sin embargo, que los editores y los autores arriesguen no menos de los lectores. Hoy en día el riesgo está muy mal visto.

¿Y la lectura?

En realidad sea la superproducción (y las cuestiones ligadas a esta) sea la fragmentación de la atención (y las cuestiones ligadas a esta otra) no son más que síntomas y no la enfermedad. No se trata de sociedad líquida o de digitalización, no se trata de hiperabundancia o escasez. Cuando hablamos de superproducción, estamos hablando de cantidad. Cuando hablamos de fragmentación de nuevo hablamos de cantidad (de tiempo, mucho más difícil medir el esfuerzo de lectura o la intensidad de lectura en ese tiempo).

Discrepo abiertamente del plan de fomento de la lectura que defiende la FGEE. Vender libros no es fomentar la lectura. Ni tan siquiera en los años más boyantes del sector editorial los índices de lectura fueron significativamente mejores que los actuales, prueba probada de la distancia entre vender y leer.

Hay a disposición, como ya he dicho, un alud de lecturas. Un mundo potencial de lecturas con el cual es posible afirmar que se lee más que nunca, pero quizá estamos confundiendo otra vez cantidad y calidad, posibilidad con realidad. Resulta, creo con fundamento, establecer más allá de toda duda la dimensión real de la lectura, pero si las declaraciones de nuestros ciudadanos son ciertas la lectura no goza de buena salud.

Y todo ello sin movernos del ámbito de lo medible. Nuestra lectura tiene también un problema de calidad. No solo de calidad de creación (debate sin fin) sino de calidad de lectura; que entienden nuestros lectores, cuales con sus niveles de comprensión lectora (los indicadores, discutibles, no son buenos), cuales son sus expectativas. Con frecuencia las expectativas de los lectores/no lectores se afirman sobre las consideraciones de los profesionales del sector editorial (deformación profesional, necesidad empírica de datos no disponibles, ceguera, el motivo preciso no lo sé), lo cual es fuente de error. La distancia entre ambos grupos deforma el dato, la perspectiva misma, y confirma la necesidad de reflexionar sobre ello.

Hablamos de cantidades. No hablamos de calidad: calidad de lectura, calidad de literatura, calidad de edición, calidad de juicio crítico.

A mi me parece que la lectura es sobre todo calidad.

Se trata, en el fondo, de algo sustancial. La lectura no es hoy una actividad deseable. No lo es a nivel personal para una gran parte de ciudadanos y no lo es a nivel colectivo: al 42% de ese 39% de conciudadanos alérgicos a la lectura ni tan siquiera le interesa. La lectura, como la cultura más en general ni interesa ni tiene valor.

Leer es un acto reflexivo, un ejercicio mental que induce al pensamiento y a la crítica por liviana que sea, un desafío. Leer es una actividad intelectual y desde el ’68 lo intelectual está mal visto, ya sea en Europa que fuera. No hay incentivo a la lectura. No hay cuidado del lector. He dicho y vuelvo a sostener que la actividad del sector editorial debe decaer si no se activa por acrecentar el número de lectores, pero más allá de eso si no hacemos crecer el número de lectores toda nuestra sociedad se irá abajo, no porque no haya lectores  (aunque no estaría de más pensar en la demografía de los lectores fuertes, en su edad), sino porque no habremos hecho nada para mantener el pensamiento crítico del cual la lectura, la escritura, el debate público son piezas relevantes. La lectura tiene en contra un sistema, el actual, que detesta el pensamiento. Escribir, editar, leer, pensar y criticar son acciones tan radicales que no pueden ser toleradas. El sector editorial puede no suscribir esta visión del mundo y activarse para ser más sector cultural y menos sector económico, o bien puede por contra suscribir el sistema, pero en ese caso y en mi opinión está escribiendo sus últimas líneas.

El sistema empuja a la simplificación, al alejamiento de la crítica, a la dispersión, a la asimilación de clichés, a la escasa indagación, a la escasa empatía, a la escisión progresiva entre quienes leen y comprenden (con todas las consecuencias que ello acarrea en términos socioeconómicos y de bienestar general de la sociedad) y quienes no. Leer y comprender son ejercicios nivelatorios.

Así pues creo que en vez de plantearnos cómo vender más libros, que se lean o no, debemos plantearnos cómo incrementar la lectura. Debemos preocuparnos más de cómo leer y por qué leer y menos por qué leer, es decir un poco menos por la indicación de la lectura y más por la lectura en si. Hagamos crecer lectores y ellos crecerán exigentes (no es una frase hueca, reflexionen sobre todos los casos personales de grandes lectores que conocen, cuales fueron sus primera lecturas y sus lecturas hoy). Demos menos consignas y más ideas, mayor libertad y mayor responsabilidad al lector en primer lugar y después a todos.

Creo que en este sentido hay que plantear una gran alianza (tácita o implícita, da igual a condición de que sea real) entre editores, bibliotecarios, autores, librerías, escuelas para desarrollar acciones concretas (con frecuencia locales) de contraste a este sistema actual que no solo nos separa de la lectura sino que nos separa de los demás, de la vida y de nuestra capacidad colectiva para decidir nuestro futuro. el objetivo es simple cuanto arduo: recuperar el valor colectivo, social, de la lectura. Yo pondré como pueda mi contribución a ello.

Contra la lectura está el caos de este sistema.