Definiendo Ciudad: (auto-)geocrítica

Vuelvo a escribir sobre Ciudad cuando ya he terminado una segunda novela (no desvelo más) cuyo marco de relaciones es justamente Ciudad; mientras espero que se publique, en el sentido de esperanza y no de espera, tengo para mi el título. Retomo la cuestión Ciudad porque a medida que crece su presencia y se desarrolla como espacio, siento que es necesario definir mejor que es Ciudad (abundando y perfeccionando lo dicho en una entrada anterior, esta).

Ciudad es el espacio urbano real”

Será mejor decir que es una duplicación del mundo, una representación de lo real y por tanto una imagen de lo real: una ficción. Como el cuadro René Magritte, ficcionaliza el espacio urbano y así haciendo modifica el espacio mismo y la temporalidad; esto último será especialmente evidente en la segunda novela.

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Modificar el espacio y el tiempo permite que Ciudad sea escenario de encuentro en tiempos diferentes entre sus personajes habitantes. Así como el espacio será redefinido, así la relación con el tiempo tendrá que cambiar. No es posible esperar un tiempo lineal, una sucesión casual de una solo tiempo, porque es irreal, porque concentrar todo la atención en una línea, al del protagonista por ejemplo, no puede hacernos olvidar que cada personaje tendrá la suya propia; la historia, la narración, el tiempo de la narración dentro del espacio Ciudad será también una representación del tiempo suma de tiempos relativos, tempúsculos de cada personaje, moléculas de tiempo en choque con otras moléculas de tiempo que son personajes.

La duplicación del mundo: es importante tener presente que esta duplicación, esta ficcionalización de lo real, es posible solo a través de las palabras. Con las palabras construyo Ciudad. Con las palabras despego Ciudad de lo real: Ciudad crece sin referente (“Ciudad como una imagen posible de su ciudad, de todas las ciudades”, decía en otra entrada), es la narración la que crea el espacio y ese espacio es un lugar de exploración, una apertura a lo diverso que inicia en espacios fabulosos. Se libera la trama como fundamento de la obra y Ciudad es una creación literaria, poética, una creación de espacio. Esta creación acerca la posmodernidad a la antigüedad, el héroe, ora el protagonista ora el lector, navega en territorio ignoto: “…haber inventado Ciudad es que me permite una constante exploración, una acumulación de nuevos escenarios según sea el nivel en que se mueve el personaje”.

Ciudad es real, a pesar de ser un producto de ficción, es el reconocimiento del hecho que no se ha liberado del todo de lo real, del referente, sino que lo agudiza lo re-territorializa en el espacio que son las palabras y la literatura. El resultado es un nuevo cosmos (llamémosle por convención, un heterocosmos), un espacio híbrido en el cual real y ficción se interpenetran y el cual lo real copia a la ficción. Un efecto paradójico es que la identificación de real y ficción se vuelve problemática, aunque conviene recordar lo real absorbe siempre la ficción; así lo real incorpora un espacio fabuloso como California, que se vuelve real: el mundo ficcional es un satélite de la realidad. Ciudad es real siendo ficción, construida con palabras es real porque se establece en el umbral entre real y ficción, un umbral traspasable y bidireccional. Esto hace de Ciudad una espacio creíble, real y a la ves imposible y fabuloso o como ya decía “Ciudad es inexistente, pero es un espacio real y auténtico.”

Esta naturaleza de Ciudad como espacio liminal, posible a través de la literatura, auténtico interfaz de conexión entre lo real y la ficción, es un proceso interactivo. Un heterocosmos incorpora conceptos y personajes de lo real en la ficción no como reflejo. Se trata de incorporaciones ontológicamente diversas gracias a la homogeneidad de la ficción: un hetercosmos como Ciudad es un lugar literario, virtual, que establece una relación modulable con lo real: la narración es la que da la carta de naturaleza, su coherencia, su diversidad.

¿Distopía?

Ya he declarado que para mi Ciudad (y entonces también Muerde ese fruto) no es un distopía. Ciudad es una utopía, un no-lugar, sin referente real, que deja en manos del lector la tarea de conectar la representación utópica (imaginaria, el espacio que es Ciudad), con la representación homotópica/heterópica (lo real, en la triple definición de Westphal), todo en un cuadro que para él tenga sentido. Y es aquí donde la estratificación de Ciudad se verifica, en la lectura, en la composición que el autor (o sea, yo) ha pretendido darle. En ese sentido Ciudad no es un espacio único sino muchos espacios utópicos, un heterocosmos siempre en composición y recomponible en tiempos diferentes; muy importante, creo, este aspecto en la segunda novela, pero también en una comprensión de Ciudad que no la reduzca simplemente a fantasía, que la dote de sentido.

Ciudad no es finita, ni puedo terminarla.

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¿Cuánto vale el trabajo de un escritor? 0,5€ cada 100 palabras

uncial-calligraphy-alphabet-lCuando cultura está en la boca de todos y muchos aspiran a vivir de escribir, a ser autores y escritores, ¿cuánto se valora esa capacidad, cuánto vale saber escribir, ser escritor? Pareciera que el valor es inestimable.

Esa es una pregunta que cualquiera que pretenda en serio vivir de escribir sabrá responder directamente. Poco.

¿Cuánto poco?

Aquí van dos muestras, dos ofertas de trabajo para escritores cualificados:

primera

Se requiere de escritor/ sobre el temas que mas especializad@ este aportando dedicacion, trabajos anteriores, años, libros, estudios.. sobre un tema. Que sea capaz de enganchar al lector a seguir leyendo con una forma de expresarse de enseñar que enganche que atraiga a seguir leyendo sin relleno y original se usaran varios programas para comprobarlo

El formato debe ser word, la tipografia times new roman, en tamaño 12 y espaciado simple. De 100 (minimo) a 150 paginas

segunda

Busco redactor para un sitio web. Me interesa especialmente formar una relación laboral de disponibilidad.

Los textos tendrán una cantidad de palabras variable; algunos de 400, otros de 800, etc. No es necesario incluir imágenes. La entrega puede ser en formato MS Word o Notepad.

Progongo 0.50 USD por cada 100 palabras. Necesitaría 52 artículos en total.

Ser escritor profesional, ganarse la vida escribiendo, parece ser más una imagen, un constructo ideal, que una realidad. La valoración efectiva de una capacidad que se considera alta tiene un contravalor económico cercano al 0. Y es que todo el mundo sabe escribir, entendiendo con escribir la transposición mecánica de signos sobre una superficie. El valor de un bien tan distribuido no debe de ser alto, se piensa. La distancia entre lo real, el valor, y la imagen, el valor simbólico, es enorme. Los aspirantes a escritores deben recordar esto. El escritor es un bootstraper permanente. Escribir, especialmente escribir con ánimo de hacer literatura, es un compromiso serio y con frecuencia no rentable. No hay que engañarse, hoy por hoy los escritores valen 0,5 € cada 100 palabras.

Coincidencias, reversos y diversos

Una coincidencia formal y fortuita no puede forjar un paralelismo eficaz. escribo esto porque ayer hoy a Pennac reponer sus esperanzas en la presidencia de Macron en el hecho casual de que Macron se parece físicamente al malogrado Boris Vian.

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Un parecido que existe, aunque solo e perceptible en ocasiones. Reconozco que viéndole en televisión me he sentido más de una vez descolocado, ¿dónde lo había visto yo a este antes? ¿por qué me suscita un simpatía lejana e imprecisa si no coincido con él? penca me desveló el arcano.
Es obvio que nada en las biografías de ambos personajes coinciden. Macron, licenciado en filosofía con claras tendencias a establecer lazos fuertes con el establishment y una aún más clara tendencia por la estabilidad de lo mediano, un biografía que habla de una cara votación funcionaril, en línea con la más clásica tradición política francesa. Vian, ingeniero que renunció a entender la vida como obra de ingeniería, polímata, versátil, inconformista, rupturista.

En realidad es en este punto que el parecido de ambos se desborda y me ha hecho reflexionar sobre un par de cuestiones. A saber: ¿qué camino hemos recorrido para considerar esperanzoso el triunfo electoral de una hombre que jamás representará una ruptura con el sistema, acaso estará dispuesto a profundizar algunos de sus aspectos más críticos, asociándole a alguien que pasó su vida ejerciendo un papel crítico con la sociedad de su tiempo? las palabras de Pennac, que es bien consciente del límite su esperanza, son una amarga reflexión sobre la distancia existente entre una visión distinta de la sociedad y la capacidad de esta de producir agentes de cambio. me resulta evidente, como a muchos otros,incluidos los lectores de estas líneas, que existe un problema de transmisión y que los límites del sistema tienden a excluir siempre con mayor vigor el disenso, a marginalidad y excluir visiones divergentes. La segunda cuestión que el triunfo de este hombre, que a decir de algunos colaboradores no sabe ni quiere quitarse el traje y corbata (y creo que esto es a la vez una descripción psicológica y una metáfora potente), pone sobre la mesa es ¿por qué ha parecido lógico exigir, y esperar que ocurriera, a los votantes de izquierda que votasen por un hombre que se coloca en el centro? Es una audacia que bordea la arrogancia intelectual y que señala de paso la distancia creciente entre electores y políticos, con partidos o con startups a sus espaldas, da igual. Había que cerrar el paso a Le Pen, que suponía en esta disyuntiva un mal mayor, esta es la respuesta. Es una respuesta que contrapone el mayor mayor al mal menor, es decir que coloca la elección no en el marco de las afinidades y los anhelos, sino que la coloca en el marco de las justificaciones del mal y que transforma la política en un espectro limitado en el cual no es posible ver la realización de las propias aspiraciones o incluso que se consideren estas como un punto para el debate u la discusión: cuando presentamos una elección en términos de elección de un mal relativo excluimos toda aspiración al debate, a la discusión e incluso al negociado. Y todo ello transformando la política en un proceso de justificación del mal; mayor, menor inevitable, en cualquiera de sus tres formas.
Yo creo que quien no haya querido entrar en este juego, taparse la nariz y votar sin condiciones lo que se te ofrece como posible sin que coincida con las propias opiniones y expectativas, tenía todo el derecho a hacerlo.
La presentación de la elección de Macron como límite a Le Pen me parece, además, falaz. A Le Pen, que ha obtenido 3 millones de votos más en la segunda vuelta respecto a la primera, no se le para con un triunfo electoral. Desde la irrupción de Le Pen padre el consenso electoral ha crecido gracias a las medidas que políticas similares a las que avalará Macron. Parar a Le Pen no es pues una cuestión de citas en las urnas, o no al menos hasta que ganen y espero que no ocurra. sino de formas y sustancias distintas de realizar política.

Macron presidente. Mejor que Marie. De ahí a pensar que la culpa hubiese sido de los votantes de izquierda que no desean votar a un centrista o esperar que el crecido con el pobre Vian se sustancie en medidas políticas hay un enorme trecho, un auténtico foso moral, político e ideológico, Lo desconcertante que es se vea natural que la política se haya reducido a esto.

Italia, un país de comisarios

Es difícil creer Giorgio Scerbaneco tuviese conciencia de estar generando una estirpe cuando dio vida al policía Duca Lamberti. Hoy no hay región o ciudad de Italia que no tenga su particular versión literaria de policía o comisario. Emilia Romagna, Parma, Apulia, Basilicata, Cerdeña, Milán, Liguria, Roma y Sicilia. El comisario Soneri, Renzo Bruni, Lolita Lobosco y el maresciallo Fenoglio, el comisario Campos o Ghezzi, el inspector Lucchesi y Ferraro, Colomba Caselli y Ponzetti, el ex comisario Arzilli o Luciani y el comisario Mariani., dejo otros tantos en el tintero Y dejo a parte los investigadores aficionados como la médico Ardelia Spinola o los viejitos del toscano Bar Lume. Y el inclito comisario Montalbano.ruta_montalbano.jpg
Una legión de servidores de la ley.
La paradoja está en que, desde los ’60, cuando Duca Lamberti se batía contra el crimen, la situación no se presenta diversa. Scerbanenco entonces retrataba una Italia difícil, contradictoria, enferma de maldad, ansiosa por emerger de su pasado y al mismo tempo desencantada por la realidad de los eventos, tan distintos de los sueños de rescate nacional y hoy la sensaciones son las mismas.
No es sorprendente. Mani Pulite fue un proceso inconcluso que no ha limpiado el país, que ha aprendido ha ensuciarse en otros mil modos, y pido perdón por el juego de palabras pero considérense estos datos: de 1991 a 2016, 258 ayuntamientos han sido disueltos por mafia (solo en 2016, según algunas fuentes, 154 estaban bajo administración extraordinaria); varios son los ayuntamientos en los que no se procede con las elecciones administrativas por no haber candidatos distintos a los mafiosos; el perjuicio económico de la corrupción, que en 2015 se estimaba en 60 mil millones (100 mil millones y sumamos la evasión fiscal); la sensación es la de una criminalidad en constante aumento; la escasez de recursos para la lucha contra la criminalidad: durante el último gobierno Berlusconi la policía no tenía fondos para la gasolina de los coches patrulla, por ejemplo; aumentan los muertos por uso de armas de fuego ante la convicción de estar desprotegidos por la ley.
En esta situación en la cual lo real y lo percibido no hacen más que crear una difusa sensación de abandono y peligro inminente, la literatura parece haber dado con la figura clave, quien resuelva el enigma y traiga consigo paz y justicia: el comisario.
El nuevo héroe literario que no necesariamente se ajusta a la praxis de la realidad, que adopta métodos y formas poco convencionales, quizá más acordes con los tiempos, seguramente más acordes con la sensibilidad de los lectores. Habrá un lado oscuro, quizá, pero al servicio del bien colectivo. El héroe maculado del comisario italiano encarna al ciudadano italiano en busca de respuestas inmediatas a males atávicos. Porque se sabe, los italianos son brava gente. El comisario italiano en la literatura de hoy no soluciona solo los casos que la suerte le pone su camino, sino que catárticamente reanuda el vínculo entre ciudadano e instituciones que la realidad se empeña en destruir. Como ha dicho Cristina Rava “Son necesarios los superhéroes. cuanto más la sociedad es imperfecta mejor funcionan los personajes consolatorios, rellenas los huecos.” Así es. La literatura no hace más que rellenar las lagunas de la realidad con grandes fantasías.

Literatura nacional: los confines de la literatura

De entre los muchos debates que suscita la literatura, el que se centra en los confines, es decir, el que tiene como eje la literatura nacional, dentro de unos confines, es uno de los más estimulantes. Lo es por la complejidad de la cuestión, por las varias disciplinas implicadas y de por último de método.
Pongamos la cuestión en su modo más radical, ¿existe la literatura nacional?
Empezando por lo evidente podemos afirmar que el concepto literatura nacional se liga al concepto, reciente, de nación. Si define pues por la realización dela literatura en unos confines, lo que necesariamente implica un dentro y un fuera, una relación con lo otro que está fuera de los confines. Y si hay algo cierto es que el juego del intercambio no se reduce al campo económico sino que implica la mezcolanza, se quiera o no, de lo que Fernand Braudel definía como la gramática de la civilización. Ligar entonces nación y lengua resulta un paso lógico, definitorio; poco importa cuanto real, en el sentido de descriptivo de la realidad.
Tenemos pues una tensión en la literatura entre dentro y fuera, en una relación de alteridad que es a la vez un relación fecunda; no por casualidad la literatura se revela cuando da cuenta de su capacidad de recepción del conflicto en el mundo.
En esa relación la literatura nacional, para afirmar su existencia, debe reivindicar el carácter nacional de sus temas; en la etapa de fundación del estado, que se presenta como consecuencia de la nación preexistente aun cuando este extremo es solo una articulación del mitema nación. El intercambio con lo exterior fecundará a través los innumerables -ismos.
En otras palabras, la literatura nacional es una forma de autodefinición excluyente, una reducción as un unicum, porque reconoce, para ser tal, solo ciertos temas, ciertas lenguas que articulan en cierto modo las aportaciones de su relación con el otro.
Este punto de vista pone sobre la mesa al menos 4 problemas. A saber: la existencia de una literatura precedente a las naciones modernas que recogía e integraba las aportaciones de las corrientes internacionales adaptándolas a públicos diversos aunque mantuviesen la misma caracterización de fondo: ¿Weltliteratur o literatura mundial como realidad, como superestructura y literatura nacional como expresión concreta, como estructura?; la existencia de naciones plurilingües; la estratificación de las literaturas (oral vs escrita, por ejemplo); la exclusión de los temas y las voces que no adhieren al “espíritu nacional”, es decir a la visión d el élite constructora del estado mediante el mitema de nación. Podríamos decir que la literatura, no pudiendo evitar el intercambio con el exterior, del cual depende su misma definición como opuesto al otro, limita o elimina el intercambio interno, olvidando o eliminando todas sus periferias internas (lenguas, niveles, desarrollos, temas), que son en vez parte constitutiva de su articulación; una memoria damnata; ¿el concepto de literatura nacional está en crisis por inexistente o como resultado de la crisis del concepto de nación? En ese caso respiremos tranquilos, la literatura sobrevivirá a cualquier nación y cualquier lengua porque es hija del constante mutar de los eventos y de los instrumentos en que se reproduce y transmite.
Se evidencia que la tensión externa o interna se resuelve siempre en un esquema binario que fuerza la exclusión de varios elementos. Dicho de otro modo, se reduce la complejidad, la multidimensionalidad, la integración, el dinamismo, se ignora la posibilidad de un horizonte de pertenencias y no de diferencias. Weltliteratur o literatura nacional terminan por crear espacios más o menos reductivos, especialmente si la literatura mundial es hija de una superioridad cultural; Said o Spivak negarían incluso que, en ese caso, tal literatura exista realmente.
Todo lo dicho describe macrosistemas, pero ignora las excepciones, cada vez más numerosas, que la realidad de los escritores, y lectores, manifiestan en sus elecciones. Si la posibilidad que un tema esté recogido en las diferentes lenguas de una nación, su cristalización de un Estado es una posibilidad, queda con frecuencia al margen o incluso que diferentes temas se realicen en distintas lenguas no sea una posibilidad contemplada en el marco de la definición de literatura nacional, podemos imaginar cuanto queda fuera de cualquier esquema que un autor escriba en una lengua diversa de la propia o incluso en varias, cambiando sus propios ejes en virtud de la expresión que escoja. Los confines de la literatura se pulverizan ante estos casos. ¿A qué literatura van adscritos estos hombres y mujeres?
Si se colocan dentro de la literatura nacional corren el riesgo de quedar relegados a puntos excéntricos, fuera de la literatura nacional misma. Si se colocan en la Weltliteratur corremos el riesgo de perder una cosmovisión más compleja que la simple realización concreta de lo universal, citando a Michael LeBris en una suerte de versión de la máxima susloviana: acaso no podemos tratar “lo local” en un lengua distinta, acaso se trata de una situación sin vuelta atrás, por ejemplo. Colocar la literatura en los confines de la geografía no da resultados, recolocar el confín en la lengua da frutos igualmente poco aptos a describir la realidad.
La complejidad de la literatura como creación humana, compleja por natura, nos desorienta al querer situarla en horizontes artificiales, confinantes y confinados. Mientras nos movamos en categorías binarias, creo, no podremos dar con una satisfactoria colocación a cuestiones complejas como la literatura, porque esta manifiesta cortes temporales, temáticos, verticales y horizontales, multipertenencias, experiencias diacrónicas, evoluciones, relecturas. En definitiva describe una realidad múltiple en múltiples niveles. Estoy convencido de que necesitamos una nueva visión compleja, multipolar, capaz de describir y comprender la complejidad que generamos porque lo cierto es que el circulo hermenéutico según el cual todo se entiende si se entienden las partes y se entienden las partes si se entiende el todo, no puede ser resuelto hoy.

Literatura, libros y editoriales

Breves pensamientos no sistematizados, apuntes en orden libre, sobre literatura, libros y editoriales.

Una asunción equivocada es que, como siempre a mi juicio, los libros son la via por la cual el conocimiento se ha transmitido. Pues no. Es una de las vías por las cuales el conocimiento se ha transmitido: durante un tiempo la via más económica y eficiente, en modo especial si había que superar distancias más o menos grandes. Hoy es una de las vías por las cuales se transmite el conocimiento. Es probable que no sea la más económica. En cuanto a la eficiencia imagino que podemos discutir mucho y que se liga a los modos y a los niveles (de conocimiento y transmisión).

800px-Egypt_Sakkara_Museum_Statue_scribe_5th_DynastyUna asunción equivocada es que todos los libros son literatura. Ni por asomo. Por un lado porque existen los libros de entretenimiento, los de ensayo, los de divulgación y así muchos otros. Por otro lado porque una cosa es la intención del autor de escribir literatura y otra es la recepción del texto y su consideración final.

Una asunción equivocada es que hay libros que son libros y otros que no. lo digo más claro, los libros son impresos, los electrónicos son un dacio a la modernidad. Cierto, si las editoriales se empeñan en no desarrollarlo, en desmontarlo, desintegrarlo, a medida que se lee o se presta, en hacer imposible con él lo que es posible con el libro impreso, entonces estoy de acuerdo, el libro electrónico es superfluo. Lástima, porque de nuevo se confunde el instrumento con el fin, la forma con el objetivo.

Una asunción equivocada es que las editoriales son, per se, iniciativas culturales. Son una actividad económica. Como tales deben tener en cuenta su balance final. Algunas desarrollan un catálogo con una intención literaria o cultural, otras no, otras menos. Una viven y otras mueren. No siempre el resultado está ligado a su intención literaria o cultural. Las ambiciones, la gestión, la habilidad, la fortuna, infinitos factores determinan esto. Pero las editoriales no son, por definición, un templo.

Una asunción equivocada es que las editoriales son diabólicas casas donde se roban los derechos de los autores, se cometen toda clase de abusos y se enriquece a sus propietarios. Vistas las cuentas de la mayoría no parece que sea así. La verdad es que, temo, la codicia se ve en el otro. Una de las claves de la autopublicación, una de ellas (pláquense los tempestuosos), es la voluntad del autor de hacer dinero. Claro, la referencia es el autor de éxito, como para las editoriales es las editorial de éxito; es una lástima que la lista de los no exitosos sea mucho más larga y mucho más ignorada porque hace bien conocer también la parte oscura de la luna. Propongo que se organicen cursos donde se explique la realidad de una editorial, los tipos de contrato, los costes de la autopublicación (directo e indirectos); digo esto porque sin un libro que pago está mal editado por al editorial X puedo quejarme en voz alta y esperar que recojan mi queja y pongan remedio. Si hago lo mismo con un autor autopublicado, tal y como está el patio en materia de tolerancia, crítica y autocrítica, lo más probable es que se tome la cuestión como un ataque personal y aquí el cambio de dimensión todo lo distorsiona.

Una asunción equivocada es que la literatura es sinónimo de libro. Había literatura antes del libro. Es posible que la haya después.

Una asunción equivocada es que la desaparición de las editoriales equivale a la desaparición del libro.

Una asunción equivocada es que la edición de textos no cuesta.

Una asunción equivocada es que la lectura es ocio. Ni de lejos. Leer cuesta incluso cuando tiene como propósito inicial el asueto. la lectura necesita atención, no un lugar o un formato. Abandonemos la retórica.

Una asunción equivocada es que editar y vender libros es una actividad con la que se puede ganar mucho dinero. Ni tan siquiera con el libro como app. Ni con libros enriquecidos. Ni con suscripciones. Ni con libros impresos de gran calidad. ¿Qué hace creer que una actividad ligada a un ejercicio costoso en tiempo y esfuerzo como la lectura puede ser una campo en que ganar mucho dinero es posible?

Una asunción equivocada es que la autopublicación es el futuro de la lectura, de la literatura, de la edición. El futuro es que haya lectores y con el clima actual (ya lo dije aquí) nada deja pensar que su número vaya a crecer por si solo.

Lenguas e identidades

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Una patria, un dios un rey. O una nación, una constitución y una lengua. En todos casos una forma modernizada de trinidad.

Desde las revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX, bien alimentadas por ideales románticos el papel de la lengua en la definición de la “identidad nacional” no ha cesado de ejercer su influencia. La unión entre identidad cultural y lengua ya quedó forjada en la visión de Fichte en sus “Discursos a la nación alemana”. El hecho que la “identidad nacional” quede supeditada a las estructuras que la política sea capaz de generar, no ha impedido que la idea de cultura nacional vehiculada por una lengua siga su rumbo ni que la lengua haya jugado un papel a veces sucio en la generación de estas identidades construidas socialmente o quizá podríamos decir simplemente identidades ficticias.

A través de la lengua se unen idealmente el carácter nacional y el espiritual de una nación. Este este factor el que otorga a la lengua un papel de relieve en las experiencias de realización nacional, o dicho de otro modo en la creación de una identidad nacional dentro de unas fronteras definidas (que no quiere decir consensuadas): son el agente del renacimiento de los valores nacionales, los que sean, de la reunificación, de la reconciliación con antiguas tradiciones, del mito de unificación del pueblo: de Eric Hobsbawm a Edward Said pasando por Benedict Anderson el mito de la (re)construcción nacional se apela a símbolos cuanto a la lengua como elemento distintivo y/o exclusivo. Los mecanismos por los cuales de impone una lengua sobre otras o en cambio de otras son parecidos en muchos casos. Escojamos el punto de vista que escojamos sobre cómo el lenguaje codifica y modifica la realidad, lo cierto es que el resultado del proceso de unificación entorno a una única lengua tiene sus aspectos perversos en ocasiones,, simplemente negativos en otros, para aquellas comunidades en las que el proceso está en acto.

Tres casos dispares.

Las unificación italiana, un fenómeno tardío, tuvo como consecuencia la necesidad de inventar una nación: como dijo Massimo d’Azeglio, ahora que hemos hecho Italia, tenemos que hacer a los italianos. El uso de una lengua sola, el italiano, destinada a suplantar a la miríada de lenguas locales o regionales, los dialetti, para todo el nuevo territorio nacional fue el instrumento de una recomposición ideal. Desde luego, la fragmentación y la debilidad estructural del Estado hicieron de esta tarea un propósito titánico. Solo la radio y la televisión han podido de hecho unificar con un solo lengua una realidad múltiple: según el lingüista Tullio De Mauro en 1861 solo el 2,5%de la población italiana sabía hablarlo, mientras para su colega Arrigo Castellani el porcentaje era el 10%. La supervivencia de los dialetti no ha sido la misma en todos sitios. Aquí cedió antes bajo formas de industrialización y aburguesamiento: sobre todo en el norte pero también en los núcleos urbanos sicilianos fue fácil advertir una división entre campo y ciudad en el uso de la lengua y entre clases sociales de consecuencia. Allá fue más despacio. En cualquier caso han sobrevivido estratificándose, al menos hasta la llegada de globalización. Tímidos intentos institucionales para apoyar algunos de ellos, como el piemontés, no impiden que el curso normal de los acontecimientos, aunque estén por venir, dé pocas esperanzas de sobrevivir al nuevo siglo. El italiano, una lengua en buena medida reciente refleja, como otros casos, el carácter político de la lengua en los procesos de creación de una identidad.

Para nada ajena a esta realidad es el caso de Israel. La lengua y su renacimiento han sido a la vez símbolo e instrumento de la construcción de una identidad nacional que siguiendo el filón romántico de alemán se afirmaba en las páginas de Herzl. La disputa sobre el carácter del hebreo, lengua sagrado o vulgar, dejó en suspenso la evolución de la lengua más allá de los cenáculos más convencidos de la necesidad de reacuñar el hebreo en los tiempo modernos. El resultado final está a la vista de todos. Los importantes esfuerzos de realefatización de la sociedad israelí han dado vida a los ulpan, a las escuelas nocturnas, a una constante campaña que reafirmaba el renacer de la lengua con el renacer de una nación; dejemos aquí a parte la controversia sobre la licitud del actual Israel o sobre, el debate aquí se centra en el proceso que hace de una lengua un perno de la identidad nacional y sus consecuencia, es decir un debate interno, no externo. La realifatización, el haber hecho del hebreo de nuevo una lengua plena, moderna, viva se reivindica como orgullo, pero tiene también una faceta oscura. O dos. La primera tiene un cariz interno. El hebreo reacuñado, redivivo, tenía una fuerte influencia europea gracias a la procedencia askenazita de buena parte de la clase dirigente. Las formas más genuinamente semíticas de la sintaxis, por ejemplo, de los judíos sefarditas con frecuencia no se recogían o la fonología sea desplazaba hacia sonidos propios de la galaxia judía centroeuropea (con consiguiente asimilación por parte de los no aun hebreoparlantes y de parte de los sefarditas ansiosos de subir en la escala social del nuevo Estado), o las elecciones lexicales recaían en las formas más próximas al judaísmo europeo. En otras palabras, el hebreo con sus influencias europeas imponía a una parte de sus hablantes aceptar la realefatización para integrarse. A otros tantos se le pedía simplemente que aprendiesen una lengua que ignoraban. Esta polémica interna reflejaba una rotura dentro de la nueva nación en la que la lengua pertenecía sí a todos, pero sobre todo al grupo dirigente, mientras otro grupo quedaba postergado, no sin cierta fricción étnica, a otras funciones. Una sola lengua, dos grupos distintos que aún no han firmado un armisticio y cuyo desarrollo ha determinado una fractura también política: los partidos religiosos muy populares entre los sefarditas son asimismo un instrumento de revancha ante una clase dirigente que durante décadas ha sido reflejo de un solo grupo, el askenazita.

El costo de esta intensa campaña de normalización lingüística tiene también otra víctima.

Antes de la normalización del hebreo como lengua nacional, las familias, enteros núcleos familiares, y varias comunidades eran poliglotas. La presión normativa ejercitada desde la escuela, la dificultad de intercambios internacionales regulares después de la constitución del Estado, la universalidad del hebreo como lengua capaz de desarrollarse en cada aspecto de la vida cotidiana, determinó una progresiva desaparición de este fenómeno en favor del monolingüismo. Solo las olas migratorias han detenido momentáneamente esta situación que volverá a presentarse en breve no obstante la enseñanza del árabe en las escuelas o la obligatoriedad del conocimiento del inglés para la obtención de la licenciatura: son medidas paliativas y limitadas.

De cariz trágico es el caso del serbocroata. Una lengua para dos comunidades diferentes bajo muchos otros puntos de vista. La separación violenta de ambas comunidades, reivindicadores de sus propios símbolos identitarios, hizo de la lengua otro campo de batalla. En el esquema romántico aún en uso para la conformación de nuevas identidades nacionales, resultaba imposible prescindir de una elemento aglutinante como la lengua. La alteridad violenta, opositiva, entre serbios y croatas no podía quedar truncada por un aspecto común fuertemente connotativo en otras experiencias de afirmación nacional. La intelectualidad ligada al espectro nacionalista de serbios y croatas tendía subrayar, ya desde mediados de los ’60, las diferencias elevándolas a rango de lenguas diversas: la disputa lingüística era la tapadera de una disputa política y la lengua un símbolo más. Así una lengua común fracasó como instrumento de comunicación y prevención de la guerra o siquiera como herramienta mediación. Un lenguaje, ahora ya tres serbio, croata y bosnio como señala Bugarsky, escindido y preñado de nuevos valores simbólicos divergentes relativos a las nuevas realidades sociales. En la actual República de Croacia, aparte de los correspondientes actos simbólicos, se ha lanzado una campaña para hacer la lengua tan diferente del serbio (o serbocroata), y tan rápidamente como sea posible. Se promueve un lenguaje administrativo nuevo y artificial, con fuertes ecos en el uso público de la lengua en general, la cual se encuentra saturada de arcaísmos croatas, regionalismos y neologismos. En Serbia o Montenegro son ciertas las intervenciones externas y simbólicas que afectan al nombre oficial de la lengua y al estatus de sus pronunciaciones y alfabetos. En Bosnia, dado que el nacionalismo bosniaco está en parte influido por un fundamentalismo religioso panislámico, tal patrimonio se expresa mediante el énfasis en los rasgos arábigo-turcos en la pronunciación, ortografía y especialmente vocabulario y fraseología. La estructura gramatical y léxica básica de la lengua ha sido escasamente afectada.

En conclusión, una lengua trucada, tergiversada semánticamente, mediante estrategias pragmáticas y artificios retóricos por la cual se ha muerto y matado; cualquiera que fuese su capacidad cohesiva no fue suficiente. En palabras de Bugarsky: el ejemplo de Yugoslavia pone firmemente de relieve el potencial destructivo del nacionalismo étnico y lingüístico en formaciones estatales multiétnicas y políglotas bajo presión a causa de un conjunto de circunstancias desfavorables.

Tres casos diferentes y distintos en los cuales la lengua ha jugado un papel dentro de la evolución de diversos grupos humanos definiendo o redefiniendo sus identidades. En cualquier caso el diseño final ha tenido sus méritos y éxitos y sus indudables víctimas. Ha tenido también sus instrumentos, los medios de comunicación de masa, las instituciones de enseñanza, las instituciones políticas y también la literatura. Y en la literatura, en la enseñanza, han debido implicarse, por fuerza, filólogos y lingüistas. Sin duda este es el lado sombrío de la filología y de la lingüística. Resulta imposible declarar inocente y virginal la disciplina. Ya sea que apliquemos una visión whorfista de la lengua, sea que apliquemos una chomskyana, es fácil descubrir el enorme peso de las palabras para construir la destrucción. Cualquier filólogo o lingüista debería saberlo. Es fondo es una cuestión de elección. Sería hipócrita aislar al estudioso de su contexto social e histórico, tanto como lo sería ignorar la responsabilidad personal en la construcción de lo social a través de la lengua; la filología se mide con los textos y las lengua no menos con el hombre mismo. Toda su belleza y su dificultad, su inmediatez y su historia, su gloria y su pena están cifradas en palabras que permanecen y que son frutos del hombre, inescindibles del propósito de les da vida.

Queda por resolver, si es posible, lo que parece un límite del pensamiento y que, naturalmente se traduce en palabras y lenguas: la posibilidad de superar el pensamiento binario. Los ejemplo que he mencionado se basan en una construcción binaria: nosotros, el resto; una lengua nuestra, otras lenguas ajenas. La construcción de una realidad que no deja alternativas aunque después enarbole la bandera del respeto o la empatía. Paliativos. La incapacidad de generar identidades no excluyentes, con su reflejo en las lenguas y en los lenguajes, la incapacidad de escapar de una pensamiento binario produce las víctimas que hemos visto: comunidades políglotas, lenguas transversales e internacionales, arrinconamiento de variedades. Con toda probabilidad de ello deriva un empobrecimiento general. Queda en el aire la contribución que la filología y la lingüística pueden dar a la superación esta forma pensamiento binario para construir un pensamiento policéntrico, poliglota. Queda por determinar que contribución pueden dar la filología y la lingüística a la construcción de un pensamiento no binario a la construcción social, política, de nuestra identidad. El riesgo es encontrarnos con un lenguaje incapaz de contener el mundo.

La lectura del lector, la lectura del autor

A raíz de la última reseña a Muerde ese fruto recibida esta semana (aquí), he tenido ocasión de volver sobre un tema (dos entradas pueden ser la guía esta y esta) que considero fundamental en la dinámica de la autor/lector y no menos fundamental en la consideración del autor hacia si mismo en la escritura de su obra.

En primer lugar hay que desterrar la idea de que el autor en un ente monolítico y que por tanto su obra lo será de igual modo. Parte esencial de una obra son la contradicción, la diversidad de niveles de la escritura, la capacidad de dejarse leer a diferentes niveles por diferentes lectores o de ofrecer diferentes niveles de lectura a un solo lector. De igual modo es imposible considerar que el autor domina y conoce todos estos potenciales. Me refería a la última reseña de Muerde ese fruto, que me ha ofrecido a mi, que soy el autor, una mirada diversa sobre la obra, una perspectiva que no había considerado. La relación entre autor y lector es directa en la lectura, indirecta en su desarrollo, asincrónica, asimétrica y no necesariamente cordial (aunque no tengo motivos de animadversión con nadie por ninguna crítica). Y no obstante no es posible decir que existe un constante diálogo entre yo autor y la pluralidad de los lectores, porque no existe la obligación de ello, porque es una relación que con frecuencia se extingue en el acto mismo de lectura (crítica) y solo de tanto en tanto precisa, por los motivos que sean, de una confrontación vis a vis; no se niega la posibilidad, se relativiza, se contextualiza, se deja al albedrío del lector y a la disponibilidad del autor.

¿Por qué un autor debería rehuir este encuentro?

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Quizá una foto de Thomas Pynchon, el autor ausente

Pongo la cuestión al contrario. No veo porque obligatoriamente debería imponérsele. Es más la ausencia del autor de la vista, del conocimiento del lector le libera del peso de su autoridad, de la visión del libro, por completa que sea, de la que el autor es posesor, dando al lector la posibilidad de efectuar una lectura tan libro y crítica como quiera y/o pueda. Lo creo firmemente y estoy combatido cuando escribo y doy algunas claves de lectura de Muerde ese fruto porque me parece tanto que estoy favoreciendo la lectura cuanto que estoy favoreciendo “una” lectura. Y sin embargo creo también que es necesario en cierto modo, pues el texto nunca es por completo autoexplicativo, ofrecer posibles, probables, claves de lectura, que el lector puede seguir, en su mayor parte no lo harán por desconocimiento, por desinterés, por libertad de lectura. Lo inmutable debe ser la libertad del lector de criticar, leer e interpelar al autor, comprendiendo que este tiene idénticas libertades respecto al lector, que la desaparición del autor no es una afrenta sino una opción que aumenta el margen de interpretación del lector, que el diálogo peude ser presencia o por ausencia, que su relación, aun con la mejor voluntad, será distante, asimétrica, asíncrona, amable o menos, que se basa en el respeto y en la capacidad de interrogarse, interrogar el texto, responder y crear las razones del sí, del no, de la autoridad de la inteligencia lectora.

Reseña de Muerde ese fruto en Culturamás

Una semana esta rica de satisfacciones. Muerde ese fruto se cuela esta vez en Culturamás y de la pluma de Ricardo Martínez Llorca llega una visión personal y diversa, que arroja otra luz sobre el texto.

“Aquí es donde Muerde ese fruto, novela urbana, se desliga de las demás, pues el cadáver aparece hacia el final del relato, y no es lo que más peso tenga en la trama o, para ser más precisos, en el desarrollo de la novela. Porque Muerde ese fruto es una novela con más desarrollo que intriga.”

Claro que eso no es todo y mejor, mucho mejor, leerlo en la fuente original. http://www.culturamas.es/blog/2017/03/15/muerde-ese-fruto-de-aharon-quinconces/

 

Crítica de Muerde ese fruto en Literatura +1

Esta vez la reseña y crítica aparece en Literatura +1, blog de literatura.

Siempre es un placer tener una buena crítica. En este caso además siento poder decir que se acerca mucho, en la lectura que hace de Muerde ese fruto, Luis Sánchez Martín a mi lectura personal. Destaco  su capacidad de desvelar algunos aspectos, o trucos si se prefiere, usados en la escritura del libro.

“A los puntos a favor que se han comentado hay que añadir la prosa fluida y cuidada que el autor nos brinda en un momento donde este aspecto anda bastante descuidado…”

http://literaturamasuno.blogspot.it/2017/03/muerde-ese-fruto-aharon-quincoces.html?m=1